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Los amores de Pampita: una historia de romances, ilusiones y traiciones

Carolina Ardohain se casa otra vez, ahora con el empresario Roberto García Moritán

‚ÄúSe casa cada cinco minutos, ¬°tiene novio nuevo todas las semanas!‚ÄĚ: todav√≠a resonaba la lapidaria frase de Susana sobre Pampita cuando la modelo anunci√≥ que se casaba otra vez, ahora con Roberto Garc√≠a Morit√°n, su pareja de hace apenas dos meses, con quien se junt√≥ algunas semanas despu√©s de separarse de Mariano Balcarce, su novio durante medio a√Īo en este 2019.

El breve resumen de su temporada amatoria parece darle la raz√≥n a Su. Sin embargo, tiene raz√≥n, con la mirada a largo plazo, la morocha: aunque este casamiento tom√≥ por sorpresa a todos, por lo breve del v√≠nculo que parec√≠a apenas un romance naciente, quiz√°s pasajero, para la modelo (algunos incluso hablaron de ‚Äúrebote‚ÄĚ), no ha sido lo noviera que se presupone.

Lo que pasa es que todos sus noviazgos, con idas y vueltas, han estado en la primera plana de todos los medios, en los programas de la tarde y los ‚Äúnoticieros serios‚ÄĚ, y han sido profusamente discutidos en las redes sociales. Y, adem√°s, han sido relaciones llenas de esc√°ndalos, eventos, rumores, acrecentando la sensaci√≥n de que el reality de Carolina Ardohain es un constante ir y venir vertiginoso.

Pero no es para tanto, al menos estad√≠sticamente hablando. Para la morocha de 41 a√Īos, por ejemplo, es apenas su segundo casamiento, una cifra habitual entre los famosos: el primero fue con Mart√≠n Barrantes, el 30 de octubre de 2002, a los 24 a√Īos. La relaci√≥n naci√≥, dicen algunos, con √©l en pareja, y termin√≥ de similar forma: en 2004 anunciaron su separaci√≥n y el polista le hizo juicio por adulterio.

Es que Pampita ya hab√≠a conocido a Benjam√≠n Vicu√Īa, el gal√°n chileno de gran pasar econ√≥mico que ser√≠a su pareja durante una d√©cada. La prueba m√°s concreta del adulterio, adujo Barrantes, era Blanquita, la primera hija que la modelo tuvo con el actor. Los n√ļmeros, efectivamente, no cerraban: con Barrantes estaban separados de hecho cuando conoci√≥ a Benja, dice ella, aunque el divorcio no estuviera firmado. Sin el papel firmado, legalmente, sin embargo, el embarazo constitu√≠a adulterio.

El juicio fue escandaloso. La morocha dijo que casi no ten√≠an sexo. ‚ÄúIntent√© una y otra vez que nuestro matrimonio funcionara, pero hab√≠a algo en Mart√≠n que yo no conoc√≠a y que se interpon√≠a. Me rechazaba como mujer, como esposa, como compa√Īera… En varias oportunidades reaccion√≥ con ira desmedida ante comentarios que le hab√≠an llegado ‚Äďy no por m√≠- que pon√≠an en duda su orientaci√≥n sexual‚ÄĚ, dispar√≥, y afirm√≥ que solo pod√≠an tener sexo de espaldas.

‚ÄúAclaro que con ella tuve relaciones sexuales no s√≥lo de espaldas, sino de frente, de costado, de parado, en el agua y de todas las formas explicables y conocidas que un hombre y una mujer pueden tener‚ÄĚ, se defendi√≥ Barrantes. √Čl le dec√≠a ‚Äúmucamita‚ÄĚ, apodo que volver√≠a en la vida de la morocha. Ella le dec√≠a ‚Äúvago‚ÄĚ.

 

  • M√ĀS ESC√ĀNDALOS

‚ÄúBenjam√≠n me cambi√≥ la cabeza, me permiti√≥ ser madre‚ÄĚ, cont√≥ por entonces la modelo, en sus a√Īos de felicidad y alejada del foco medi√°tico: Pampita, con Vicu√Īa a su lado, navegaron aquella crisis judicial. Tuvieron cuatro chicos, pero, pronto, cuatro mil esc√°ndalos.

La morocha, por ejemplo, se habr√≠a tomado de los pelos en una noche estival con Isabel Macedo, una de las tantas sospechosas de haber sostenido una relaci√≥n prohibida en el set con Vicu√Īa. Lo mismos rumores aparecieron algunos a√Īos despu√©s, con Natalia Oreiro: fue el comienzo del derrumbe para la pareja, con audios filtrados con recriminaciones y acusaciones de infidelidad.

Pampita se negaba, sin embargo, a soltar la pareja de diez a√Īos, la familia consolidada, a√ļn cuando estaban separados (o casi, seg√ļn quien lo cuente). Una noche Vicu√Īa fue a visitarla. Se extra√Īaban, evidentemente. A la noche siguiente, la modelo irrumpi√≥ en el set de filmaci√≥n de ‚ÄúEl hilo rojo‚ÄĚ, donde encontr√≥ a La China Su√°rez tapada solo con una manta de Nepal y mucho olor a sexo. Ellos desmintieron todo, pero el tiempo le dio la raz√≥n a Carolina.

Lo que siguió, sí, fueron los mil y un romances de la morocha: Pampita estaba otra vez soltera y no le faltaron candidatos. Un verano en Punta del Este, coqueteó con Pico Mónaco, pero finalmente se quedó con Nacho Viale, un viejo amigo, quizás una cuenta pendiente. Al parecer, ella quería demasiado de aquel romance estival; él, eterno picaflor, prefirió seguir en la soltería.

 

  • PICO Y DESPU√ČS

Y Pico, mientras tanto, perseveraba: como en la cancha de tenis, termin√≥ ganando de tanto buscar. Fue un noviazgo largo, con varias idas y vueltas. El tenista, de bajo perfil, se acomod√≥ a una vida medi√°tica, se acostumbr√≥ a los canjes y las apariciones en boliches por un pu√Īado de d√≥lares. En alg√ļn momento se cans√≥, en alg√ļn momento ella se cans√≥ de su indecisi√≥n de dar un paso m√°s en la relaci√≥n. Fueron y vinieron, pero al final tomaron caminos separados.

Apenas dos meses después, llegó a su vida el empresario Mariano Balcarce, con quien se repitió la historia de esconderse durante unas semanas, y luego blanquear a viva voz que estaban muy enamorados . El noviazgo duró tres meses. Pampita, muy requerida, duró apenas un mes soltera: entre miles de mensajes de WhatsApp y alguna noche de juerga, apareció el empresario gastronómico Roberto García Moritán.

Estable, econ√≥micamente resuelto, adulto, decidido, el empresario embisti√≥ con todo: como quien sabe que est√° ‚Äúcomiendo‚ÄĚ por encima de sus posibilidades, en apenas dos meses organiz√≥ una propuesta de pel√≠cula (aunque todav√≠a se debate en las redes el buen gusto de la situaci√≥n) para pedirle la mano a la morocha en Punta Cana. ¬ŅFelices para siempre, o esta historia continuar√°?

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